Un Himno

a la Pequeña Bondad

Arzobispo Juan (Shahovskoy)

Traducido por Daniel Gregorio Javier Stepenberg

Muchas personas piensan que vivir cumpliendo la voluntad de Dios es muy difícil. En realidad es fácil. Solo hay que prestar atención a las cosas que nos parecen insignificantes, a pequeñeces, y tratar de evitar el mal cuando estamos haciendo estas cosas. Este camino es el más sencillo, el camino más derecho, que nos lleva a la entrada del mundo espiritual y al acercamiento con Dios. El hombre, por lo general, piensa que el Creador reclama de el las acciones heroicas, que el Evangelio condiciona a la persona a un estado de renunciación permanente, a la destrucción de la personalidad. Esto lo asusta tanto que empieza a temer por acercarse a Dios, se esconde de Él, ni siquiera trata de conocer Su Palabra. Piensa el hombre, "Si no puedo hacer cosas grandes para Dios, mejor me quedaré fuera del mundo espiritual, no pensaré mas sobre la vida eterna entonces, y así llevaré una vida mas 'normal'."

Al entrar en la vida espiritual, una persona se puede hipnotizar. Piensa, en si mismo, que hay que hacer una 'gran cosa' o no hacer nada, y así termina en no hacer nada, ni para Dios, ni para la salvación de su propia alma. Es raro, que cuanto más se aplica la persona a las pequeñeces de la vida, menos desea ser justo, derecho, y leal a Dios en esas mismas pequeñeces. Y entre tanto, es por medio de la correcta actitud en las pequeñeces que debe pasar cada persona que desea acercarse a Dios.

"El que quiere acercarse..." Acá se suma toda la dificultad en llevar una vida religiosa. Muchas veces la persona quiere entrar al reino de Dios de repente, milagrosamente, o por el derecho adquirido después del cumplimiento de una acción heroica. Pero, ni la una, ni la otra manera son las correctas para alcanzar el Reino de Dios. Uno no pasa a entrar en la presencia de Dios en algun modo marivilloso mientras que ignora las obligaciones que nos trae en este mundo ese mismo Reino de Dios. Y no se pueden comprar los tesoros del Reino por medio de una acción heroica. Sin embargo, obras buenas, obras santas, si, son necesarias para cultivar una vida elevada; tambien una voluntad buena y un corazon puro...

"Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuenta de un discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa" (Mat. 10:42). Este dicho del Señor contiene la mas elevada expresión de lo bueno en pequeñeces. "Un vaso de agua"- no es mucho...

En cada intercambio tiene que haber, sin falta, un buen espíritu. Este espíritu se llama Cristo, manifiesto o escondido.

"En el nombre del discípulo" este es el primer escalón en la relación con la otra persona en el nombre del mismo Cristo. Mucha gente, que no conoce por ahora el Señor y la maravillosa relación con Su Nombre, tienen todavia, entre ellos, esta desinteresada, pura relación humana, que los acerca de poco a poco al Espíritu de Cristo.

En realidad, la pequeña bondad es más necesaria para la humanidad que el mayor bien. La gente se puede arreglar sin el mayor bien, pero sin la pequeña bondad, es imposible. El mayor bien es solo un techo, que reposa sobre las paredes hechas de los ladrillos de la pequeña bondad.

Este bien, menudo, cotidiano, se le a entregado al hombre. El Creador se tomo encima de el mismo la responsabilidad del mayor bien. Aquel, quien sea,que cumple con lo bueno en las pequeñeces, por medio de el, Dios crea el mayor bien. Dios, siendo el Creador, del nada hizo todo; por eso le coresponde a El hacer el mayor bien.

El hombre, en cumplir con lo cotidiano, con las pequeñeces, echo con la mayor simplicidad, se empieza acostumbrar al bien; se empieza a dedicar con todo su corazon. De esta manera, respirando el aire de lo bueno, echa raices en la tierra de ese mismo bien. Las raíces de la vida humana se adaptan fácilmente a este suelo y enseguida ya no puede vivir sin el. Así se salva el hombre de lo pequeño nace lo grande. "El que es fiel en lo poco, también es fiel en mucho"(Luc.16:10)

Hay que dejar de lado las cuestiones grandes, teóricas, como la culpabilidad por las matanzas de millones, de mujeres, de chicos, y de los ancianos.

Satisfacete con no matar la dignidad de tu hermano, ni por palabra, ni por insinuación, ni por gesto. No te enojes por tonterias "...el que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio..." (Mat. 5:22); y, en tu vida cotidiana, no digas mentiras. Verdad, estas son pequeñeces, pero probá a cumplirlas, y veras que saldrá de esto.

Si te encontrás con dificultad en rezar de noche, entonces por la mañana, mientras que estás llendo al trabajo, intentá decir el "Padre Nuestro." Dejá que las palabras de esta oración entren en tu corazón; y a la noche, antes de dormir ponete con sinceridad en las manos de Dios. Esto es muy fácil.

Y den el vaso de agua fria a cualquiera que lo necesite; ofrezcan un vaso lleno de amistad a quien le falte.

Maravilloso camino de obras pequeñas, te canto un himno. Gente, rodéense con estas pequeñas obras de lo bueno; con esta pequeña cadena de pensamientos, palabras, y hechos elevados. Dejen al lado lo grande. Dios preparo y derramo este amor pequeño por todos lados y lo da gratis, como el agua y el aire...

 

 

Folleto Misionero # S 129

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Editor: Obispo Alejandro (Mileant)

 

(himno_bien_pequeno.doc, 01-23-2004).